Deporte, violencia y mujeres 1/2

por Manon Soavi

1. Salir de la negación

Los Juegos Olímpicos han centrado la atención en el deporte femenino, subrayando de forma implícita hasta qué punto el deporte sigue siendo un mundo competitivo y agresivo diseñado por y para hombres.

Desde la sexualización del cuerpo con trajes obligatorios ajustados e incómodos, hasta la retórica sexista y misógina de los comentaristas, pasando por las magníficas tomas en ángulo bajo de las nalgas de las atletas, sin olvidar la prohibición del velo para las deportistas musulmanas, el desarrollo de los Juegos Olímpicos de 2024 no nos ha escatimado en nada.

Por algunas mujeres que brillan – ¿y a qué precio? – ¿cuántas quedan rotas, asqueadas o desanimadas? Las denuncias por abusos de entrenadores, mentores o compañeros son, por desgracia, « sólo » la punta del iceberg. Por debajo subyace un continuo1 de violencia que contribuye a la domesticación, cosificación y aniquilación de la mujer. Este abuso también afecta al deporte aficionado, ya que cada año, una de cada dos mujeres, a pesar de desearlo, no practica ejercicio físico2.

Como profesora de aikido y feminista, siento rabia: el mundo de las artes marciales no es una excepción. Portador de un imaginario que asocia combate y virilidad, este mundo es un auténtico coto de identidad masculina. Bajo el disfraz de eficacia marcial, se silencia la violencia contra las mujeres, se niegan las dificultades que se encuentran para acceder a los tatamis y se rechazan las críticas, cuando estas prácticas podrían utilizarse como artes emancipadoras en beneficio de todes, incluidas las mujeres que están privadas de sus beneficios.

No más silencio

A pesar de todo, se alzan algunas voces: la del judoka Patrick Roux que ha denunciado3 la violencia infligida a los niños bajo el pretexto del entrenamiento. La de Neilu Naini4, una aikidoka estadounidense que fue drogada y violada por su sensei (un maestro de aikido) con la complicidad de un compañero de tatami. Fundadora de #metooaikido, hace campaña por unos dojos más seguros a través del trabajo de prevención. O Djihene Abdellilah5, campeona de grappling y MMA, que denuncia sin cesar la violencia traumática infligida en nombre de la preparación para los combates.

Es hora de rebelarse y recordar al mundo que las artes marciales no son una exhibición ridícula de virilidad sudorosa, ni una licencia para la violencia, sino herramientas milenarias ricas en filosofías de vida: respeto, trabajo corporal, flexibilidad, respiración, superación de uno mismo, desarrollo de la sensibilidad y la intuición…

Incluso el aikido, que se proclama universal y abierto a todos, se enfrenta a una crisis: la asistencia cae en picado6, los practicantes envejecen y el número de mujeres sigue siendo tan bajo como siempre (entre el 20% y el 30%). Pero cualquier crítica a su orientación androcéntrica se tacha de « histeria feminista ». La vieja fórmula: una pizca de gaslighting7 mezclada con una buena dosis de mansplaining8.

Cuando creé en París9 una sesión no mixta de aikido sólo para mujeres, recibí apoyo, afortunadamente, pero también muchas críticas de aikidokas: reacciones epidérmicas que me advertían de que no debía crear divisiones en este arte universalista, a riesgo de provocar un desastre improbable. Sin embargo, creo que es necesario no sólo denunciar los abusos, sino también examinar más de cerca la realidad de las mujeres y lo que les impide dedicarse al deporte y a las artes marciales.

Las desigualdades sistémicas

Varios estudios nos han proporcionado cifras esclarecedoras al respecto. El estudio Move Her Mind10 es el mayor del mundo11 sobre las desigualdades de género en el deporte.

La primera constatación de este estudio es la disparidad entre las opiniones de los hombres y la realidad cotidiana de las mujeres. El 54% de los hombres piensa que las mujeres han abandonado el deporte porque no les gusta, y el 56% cree los principales obstáculos son los complejos físicos, el miedo al acoso y el temor a ser juzgadas. Sin embargo, la falta de tiempo es el obstáculo número uno señalado por las mujeres afectadas.

De hecho, en todo el mundo, las mujeres están insatisfechas con su nivel de actividad física – el 53% en Europa – y encuentran obstáculos sistemáticos para hacer ejercicio. Cuando se les preguntó, identificaron cinco obstáculos principales12.

1. El tiempo (76%)

Influenciadas por los condicionamientos de género, las mujeres no tienen tiempo suficiente. Según ellas, el principal obstáculo es el reparto de las tareas domésticas y de cuidados – cuidar, criar a los hijos, asistir a las personas dependientes, prestar apoyo emocional – que se realiza en el seno de la familia13. Según el INSEE14, cuando ambos padres trabajan a tiempo completo, el 70% de las mujeres realizan al menos una hora de trabajo doméstico al día, frente al 28% de los hombres.

2. El coste (62%)

Los hombres ganan (de media) un 32% más que las mujeres, lo que limita el presupuesto que pueden dedicar al deporte. A esto se añade la caída del poder adquisitivo de las madres tras el divorcio: ellas pierden un 14,5% de su nivel de vida, mientras que los hombres lo aumentan en un 3,5%15.

3. El entorno (43%)

La experiencia común y cotidiana de ser objeto de violencia lleva a las mujeres a adoptar estrategias de autoexclusión de cualquier situación percibida como insegura. La paradoja es que este miedo inculcado les hace temer a los extraños en el exterior, mientras que corren más peligro con sus allegados en entornos familiares. A modo de recordatorio, el 91% de las violaciones e intentos de violación son cometidos por gente cercana16.

La vulnerabilidad de las mujeres, presentada como una característica « natural », conduce a una hipervigilancia en la esfera pública, alimentada por experiencias desagradables, intimidatorias o humillantes – castigo a través del deporte en la infancia, violencia por parte de los entrenadores de educación física, natación obligatoria, etc. Los comentarios no deseados siempre llamarán al orden a las mujeres para que continúe este control social masculino17.

Incluso en las artes marciales, el desprecio que se muestra hacia las mujeres y los practicantes principiantes o intermitentes contribuye a este círculo vicioso de falta de confianza en uno mismo. Las experiencias traumáticas sufridas desde una edad temprana tienen un impacto duradero: « Cuando tenía doce años, el profesor de aikido me dijo que me tumbara para demostrar la fuerza del hara. Se puso de pie sobre mi estómago. El dolor era horrible, pensé que me iba a desmayar. Dejé de practicar artes marciales para siempre »18.

Las principiantes de aikido hablan: « Me subí al tatami por primera vez, hicimos el saludo, un hombre me agarró sin mediar palabra y me encontré en el suelo, con la nariz contra un tatami apestoso. Nunca volví ». Otro: « Después de un calentamiento de 3 minutos, mi profesor de aikido empieza con 20 minutos de técnicas con una caída amplia y rápida. Los diez principiantes que no saben caer de esta forma no tienen ninguna explicación ni alternativa accesible ».

Estos maltratos también se aplican a las personas mayores. Entre los 40 y los 70 años, las mujeres pueden perder el 40% de su masa ósea y, por tanto, son más propensas a las fracturas. Una parisina cuenta: « Empezando en aikido cuando tenía más de 60 años, practiqué con un hombre alto y corpulento. Nunca había visto la técnica propuesta, pero sin ninguna explicación, me levanta, me pasa por encima de su cadera y me tira directamente al suelo (koshi nage) ».

Un estudio realizado por la Comisión Femenina de la Federación Francesa de Aikido y Budo19 deplora la misma situación en el seno de los clubes de aikido. En lugar de poner toda su energía en su arte, las practicantes de aikido se agotan intentando protegerse del comportamiento brutal de sus compañeros: « Tengo aprensión física, algunos te masacran las muñecas, te obligan a hacer caidas amplias y rápidas, no te dejan caer con seguridad. No dosifican su fuerza ni frenan el golpe. ».

Bajo el pretexto del entrenamiento, las alumnas son agredidas: « Recibo verdaderos golpes en la cara bajo el pretexto de que estoy en el lugar equivocado, y que es natural que los reciba en la cara. ». Visitando otra escuela de aikido, vi a un profesor mayor, armado con un palo, golpear repetidamente a una joven en el plexo. Acabó con un moretón.

Djihene Abdellilahl nos recuerda que no hay justificación para golpear e insultar a las personas con el fin de supuestamente endurecerlas, y que recibir los golpes no produce « guerreras », sino víctimas. La violencia que ella misma ha sufrido no la ha hecho más fuerte, sino que ha normalizado en su mente la violencia física y psicológica que hoy denuncia. « Según los trabajos de Christine Mennesson, socióloga especializada en deporte y género, algunas mujeres adoptan actitudes “guerreras” no por elección, sino para ser aceptadas y respetadas en entornos dominados por hombres. Esta dinámica crea una ilusión de consentimiento a las prácticas violentas »20.

4. La condición física (42%)

Las creencias autolimitantes debidas a los estereotipos de género y a la ausencia de representación femenina conducen a un sentimiento de exclusión. Esta falta de confianza en sí mismas lleva a algunas mujeres a pensar que no están lo suficientemente en forma para una actividad física.

A los aikidokas también les gustaría21 que se destacara a más profesoras y practicantes en la comunicación, los cursos y las demostraciones. Como dice Yeza Lucas: « Si otra mujer se une al grupo, ya no estoy sola. Y si viene una tercera mujer y ya ve a dos mujeres en el tatami, ella también podría sentirse menos intimidada »22.

5. La falta de espacios (38%)

Las mujeres han aprendido a ver su biología como un « inconveniente » que hay que dejar de lado, aunque sea a costa de perder la salud, para hacerse un hueco en un mundo que idolatra la fuerza. Lola Lafon lo resume con humor: « Se venera la firmeza: pechos firmes, muslos firmes, discursos políticos “musculosos” y con pelotas. Todo menos ser un Flanby23. Horror a lo quebradizo, a lo blando, a lo tembloroso »24.

Lo que es más redondo, flexible o tierno está condenado al desprecio y a soportar la violencia. En este mundo asfixiante, las mujeres, como el pez que tiene que subirse a un árbol para demostrar su valía25, se creen estúpidas e incapaces, o soportan los golpes mientras se dañan. Por eso las más jóvenes (45%) reclaman lugares donde puedan ejercer según sus deseos, con seguridad y donde se tenga en cuenta su biología específica.

He hecho balance de la situación aquí y no es alentadora. ¿Significa eso que la situación es desesperada? No, en absoluto: como veremos en el resto de este artículo, que se publicará el domingo 17 de septiembre, la solución existe, y es muy sencilla. Basta con hacerse ReSister26, o incluso transformarse en dragona.

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Notes

1 Véase Christelle Taraud et al. (2022). Féminicides. Une histoire mondiale [Feminicidio. Una historia mundial]. París, ed. La Découverte.

2 Estudio Move Her Mind 2023, en Europa, el 53% no lo hace tanto como desearía. Fuente Santé Publique France [Agencia francesa de Sanidad Pública], 2024, el 41% de las mujeres no hace lo suficiente para mantener su salud. El 81% se olvida de sí misma, anteponiendo la salud y las necesidades de sus seres queridos.

3 Roux, P. (2023). Le revers de nos médailles [La otra cara de nuestras medallas]. ed. Dunod.

4Léase el testimonio y compromiso de Neilu Naini en línea.

5 Campeona del mundo de grappling y de Francia en MMA; fundadora de la Academia Dijhene.

6 Desde 2016: Karate -15%, Judo -16%, Aikido -35%. Más información en los blogs aiki-kohai y paressemartiale.

7 Gaslighting es un concepto psicológico que describe las maniobras utilizadas para manipular la percepción de la realidad de otra persona. La información se distorsiona o se presenta bajo una luz diferente, se omite selectivamente para favorecer al agresor o se distorsiona para que la víctima dude de su percepción y de su salud mental. Gaslighting ou l’art de faire taire les femmes [Gaslighting o el arte de silenciar a las mujeres]. (2023). ed. L’Observatoire.

8 Mansplaining se refiere a una situación en la que un hombre explica a una mujer algo que ella ya sabe, o en lo que incluso es experta, en un tono condescendiente y paternalista.

9 Sesiones y talleres no mixtos en el dojo Tenshin de París distrito 20, el dojo Yuki ho de Toulouse y el dojo Yume de Milán.

10 Por encargo de ASICS, una empresa japonesa que lleva creando calzado y ropa deportiva desde 1940.

11 Estudio Move Her Mind 2023, op. cit.

12 Ibid.

13 L’Observatoire des inégalités [Observatorio de las desigualdades].

14 INSEE (Instituto Nacional de Estadísticas y de Estudios Económicos, Francia), 2022, datos en línea.

15 Cifras del INSEE, disponibles aquí y aquí.

16 Le Monde. (2018). Viols : plus de neuf victimes sur dix connaissaient leur agresseur [Violación: más de nueve de cada diez víctimas conocían a su agresor].

17 Lieber, M. (2002). Le sentiment d’insécurité des femmes dans l’espace public : une entrave à la citoyenneté ? [El sentimiento de inseguridad de las mujeres en el espacio público: ¿una barrera para la ciudadanía?]. Nouvelles Questions Féministes, p.p. 21, 41-56.

18 Testimonios orales recogidos por la autora.

19 CRF FFAB, Bilan 2019, disponible en línea.

20 Djihene Abdellilah, Arrêtons de normaliser la violence dans l’entraînement sous couvert de formation de guerrières [Dejemos de normalizar la violencia en los entrenamientos con el pretexto de formar mujeres guerreras], publicado en LinkedIn el 01/09/2024.

21 CRF FFAB, Bilan 2019, op. cit.

22 Yeza Lucas, Communiquer vous permet de fidéliser vos adhérents ! [Comunicar le ayuda a fidelizar a sus socios] 2024.

23 Expresión que se popularizó durante la presidencia de François Hollande, al que algunos criticaban por ser muy blando, y le apodaron pejorativamente como Flanby, que es el nombre de una famosa marca de flan francés.

24 Lola Lafon, Prendre notre place dans ce monde [Predecir nuestro lugar en el mundo]. podcast «Chaud dedans» 12 junio 2024.

25 Frase atribuida a Einstein.

26 Juego de palabras en francés e inglés que significa: resistir como hermanas. Un híbrido de la traduccion del inglés como ReHermanar, y del verbo en francés resistir.