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Profundizar

by Régis Soavi

Soltar… soltar… soltar… Olvidar para perder nuestros hábitos de juzgar tanto a los demás como a nosotros mismos, cuya única finalidad es, con demasiada frecuencia, justificar nuestras acciones, ocultar nuestros malentendidos o nuestros miedos, y que confunden nuestras sanas reflexiones procedentes de lo más profundo de nuestro ser. Progresar o retroceder forma parte del mismo mundo, un mundo engañoso en el que el aprendizaje, al igual que la formación o la competición, se ha convertido en una mercancía que se puede comprar y vender. La profundización, en cambio, no se puede comprar con dinero.

Citius, Altius, Fortius

Más rápido, más alto, más fuerte. Este es el lema de los Juegos Olímpicos, el ideal del deporte de alto nivel. El aikido, sin embargo, forma parte de una dimensión completamente distinta, abierta a todos, a todo el mundo, sin que por ello se vea mermado en lo más mínimo como Arte marcial, Arte de la respiración y, sobre todo, Arte de la armonía.

En las artes marciales japonesas se suele decir que todas las artes siguen caminos que pueden parecer muy diferentes entre sí al principio, e incluso durante bastante tiempo, pero todos apuntan en la misma dirección, hacia la cima de la montaña, el monte Fuji. Algunos son tortuosos o de difícil acceso; otros parecen más fáciles, más rápidos o simplemente más lentos, pero todos convergen en la cumbre. Los patriarcas del budismo zen, que animan a la perseverancia, añaden: « cuando llegues a la cima, no te detengas, sigue subiendo ».

KATSUSHIKA HOKUSAI (1760–1849) Fujiyama / 富士山 (3, 776 m -12,389 ft) Japan
Hokusai Fujiyama

En cuanto a Tsuda sensei, nos ofrecía una imagen diferente, una visualización que nos permitía ver las cosas desde otro punto de vista, una forma de pensar que siempre me ha servido de orientación y me ha permitido abrirme a otra dimensión esencial y a la vez sencilla, una reorientación que necesitaba de forma imperiosa. Cuando hablaba de sus maestros  ya fueran japoneses, como Ueshiba Morihei O-sensei, Noguchi Haruchika sensei, creador del seitai, Hosada sensei de la Escuela Kanze Kasetsu, con quien estudió la recitación del No, o franceses, como Marcel Granet y Marcel Mauss en la Universidad de la Sorbona  , explicaba que gracias a la intensa y continua investigación en su especialidad, habían cavado « pozos de gran profundidad »1. Sin embargo, a pesar de que trabajaban en campos muy diferentes, lo que cada uno de ellos había descubierto al acercarse a su fuente era que era la misma « Agua » la que fluía allí. Hablando de su trabajo y de sus investigaciones sobre aikido, seitai y la comunicación a través de sus libros, él mismo nos dijo dos años antes de su muerte, que empezaba a sentir la humedad. La dirección a la que apuntaba no era la de acumular conocimientos, técnicas y saber hacer, sino ir siempre en la dirección del desprendimiento que permite al individuo despertar, salir de su letargo. Nos da un ejemplo de ello en este párrafo de su quinto libro2:

« Lo única cosa que me preocupa es saber hasta dónde podré desarrollar mi respiración. Mi expreiencia me enseña que, en eso, no hay límite.

Lo que antes me parecía difícil, imposible, incluso inconcebible, se vuelve un día factible, y después fácil y divertido.

Todo se desarrolla como en la incubación de un huevo. Cuando el embrión se vuelve un pollito, rompe la cáscara y sale. Un mundo nuevo se abre con el despertar de sensaciones nuevas. »2

Itsuo Tsuda approfondissement
Itsuo Tsuda

Profundizar no es repetir sin fin

Cada compañero, cada situación, es una oportunidad para conocer y descubrir algo nuevo, algo sutilmente diferente. Es esta diversidad la que nos permite crecer.

Por otra parte, recuerdo mis primeros años de judo. Apenas tenía doce años y, aunque practicábamos el método conocido como « judo-jujitsu japonés », que era muy diferente del « judo moderno »  porque, entre otras cosas, no había categorías de peso y todo se basaba en el desequilibrio más que en la fuerza  nuestro profesor consideró oportuno alinearse con las tendencias más modernas impulsadas por Anton Geesink, el primer no japonés en ganar el título de campeón del mundo en 1961. Empezó a hacernos trabajar en un « especial », es decir, una sola técnica, dos como máximo, para cada uno de nosotros. Teníamos que repetirlas incansablemente para ganar en las pocas competiciones intercomunitarias y poder participar en los torneos de Île-de-France [región de Paris]. A él le parecía un estímulo que encajaba perfectamente con los métodos modernos de enseñanza, pero en cuanto a mí, ya era consciente de hasta qué punto estábamos pasando de las artes marciales al deporte. Sin embargo, me encantaba el deporte, sobre todo correr, y en particular campo a través, pero lo que me gustaba del judo estaba desapareciendo.

A pesar de todo, continué en el club y, al mismo tiempo, sobre todo, en lo que yo llamaba mi « dojo personal » con un amigo judoka y karateka. Era un espacio de unos veinte metros cuadrados del que estaba muy orgulloso porque había conseguido instalarlo en un sótano sobre unos tatamis que eran muy caseros. Aún así, tenía todas las características que necesitábamos para nuestra práctica, incluyendo fotos de los maestros en un tokonoma. Allí era donde practicábamos las « verdaderas » artes marciales, con la nobleza del arte, pero, por supuesto, también con flexibilidad y rigor, comparando nuestra experiencia recién adquirida  yo sólo tenía quince años y llevaba cuatro practicando –. Nuestro repertorio se encontraba en los primeros libros publicados, y no omitíamos ninguna kata, ni siquiera las más difíciles, aunque todavía no estuvieran a nuestro nivel. Lo que nos fascinaba era descubrir la riqueza y la finura de este arte, que tenía sus raíces en la experiencia de siglos pasados.

El aikido y el descubrimiento del ki

Nuestro profesor de judo nos había hablado del aikido y nos había mostrado algunas técnicas sencillas. ¿Qué había detrás de las técnicas de las que nos hablaba y nos dejó entrever? ¿Cómo podíamos progresar en las artes marciales? Éstas eran las preguntas que me asaltaban cuando quise retomar el entrenamiento tras los sucesos de 1968. Me había marchado de los suburbios donde vivía y me había dedicado a muchas artes diferentes, así como a diversos entrenamientos en todo tipo de artes marciales, pero sólo me servía a medias. Cuando me apunté al dojo Montagne Sainte-Geneviève en París con Plée sensei, esperaba encontrar por fin algo que me satisficiera. Fue justo después de mis clases de judo, y gracias a las sesiones de aikido dirigidas por Maroteaux sensei y a sus demostraciones y explicaciones sobre la importancia del ki tanto en el aikido como en el jiu-jitsu, cuando sentí la dirección que debía tomar. Gracias a él encontré el hilo que me llevó al hombre que se convirtió en mi maestro de aikido, katsugen undo y seitai durante los últimos diez años, Tsuda sensei, y por eso nunca podré agradecérselo lo suficiente.

En todos los maestros que conocí posteriormente, intenté ver y sentir el ki que, aunque invisible, estaba presente en cada uno de ellos. A través de mis encuentros en talleres nacionales e internacionales también me codeé con practicantes de diferentes escuelas, siempre con el objetivo no de enfrentarme a mí mismo ni de descubrir nuevas técnicas, ni siquiera de mostrar lo que podía hacer, sino de sentir el ki en las personas con las que practicaba. Lo importante para mí era percibir lo que les impulsaba, superficial o profundamente, independientemente de si era positivo o negativo en relación con mi propia práctica. Todo esto me permitió comprobar dónde me encontraba, pero también sentir de forma concreta el camino recorrido, y así profundizar y llegar más lejos.

Los libros de Tsuda sensei, por su sencillez y profundidad, no sólo eran guías teóricas, sino sobre todo guías prácticas que he podido utilizar en mi vida diaria y que, poco a poco, me han obligado a « soltarme » para, por fin, reencontrarme conmigo mismo y confirmar lo que me impulsaba y guiaba.Progresar para convertirse en, o profundizar para “ser”

Mientras queramos conseguir una victoria, ya sea sobre nosotros mismos o sobre los demás, obtener ventajas o mantenernos en nuestra zona de confort, estaremos siguiendo básicamente el mismo camino, el camino de la adquisición que se centra en lo superficial, en el recipente más que en su contenido, en la forma más que en la esencia. Tomar conciencia del camino que seguimos, y de la frustración que muy a menudo resulta de ello, puede llevarnos a dar un paso atrás y empezar a aprender a utilizar la insatisfacción para buscar lo que ya está ahí y sólo espera a ser realizado, en lugar de intentar cerrar las brechas que percibimos en nuestro carácter o en nuestra estructura fisiológica para sobrevivir.

Este es el camino que nos ofrece el aikido, un arte del encuentro, con una dimensión que nos sorprenderá tanto como nos deleitará, si tenemos la paciencia de descubrirlo. Se trata de intensificar la sensación, no luchar contra la decepción cuando aparece, sino de aceptarla como una amiga que nos ayuda a profundizar un poco más en la dirección que nosotros mismos hemos decidido seguir. Despertar nuestra intuición fundiéndonos con nuestros compañeros y prestando atención a cada movimiento, al flujo de esa energía interior que necesitamos descubrir y que está al alcance de nuestra mano. Abrirnos a nuestra humanidad inmanente sin dejarnos desposeer ni invadir, porque nuestra esfera se ha vuelto más perceptible y fuerte, mediante una práctica realista y, sobre todo, sin falsedad ni complacencia.

Régis Soavi approfondissement
Régis Soavi

Profundizar es descubrir un mundo desconocido

Es cuando estamos cansados, deprimidos o, a veces, simplemente mal, cuando afloran capacidades sorprendentemente inusuales. Como ya no podemos comportarnos como lo hacemos normalmente, y si hemos trabajado para profundizar en nosotros mismos, surgen capacidades desconocidas y nuevas formas de hacer las cosas y de entender nuestro entorno. Sin que nos demos cuenta conscientemente, el ego en esa situación tiene la oportunidad de someterse a algo que nunca ha conocido. Si se lo permitimos sin miedo, se abren posibilidades insospechadas, cuyo motor es la empatía y su consecuencia, el deseo de comunicar. La necesidad de actuar que surge de esta situación nos impulsa, más o menos rápidamente, a salir de este estado difícil llevándonos a comprender lo que buscábamos sin ser conscientes de ello. Las respuestas que encontramos suelen estar enterradas en lo más profundo de nosotros mismos. Sin embargo, son muy sencillas, como « ¿Por qué eligir el aikido? » o « ¿Por qué seguir cavando a pesar de la lentitud y la dificultad de este tipo de camino? ».

El mundo al que tenemos acceso no es diferente del que conocíamos, sólo se le añade una nueva dimensión: el ki. Es una cuarta dimensión, o una quinta si incluimos el tiempo como la cuarta. Podemos concebir el ki de la misma forma que concebimos la gravedad hoy en día, o cualquier otra cosa que nos resulte parcialmente desconocida por el momento, pero no sabría cómo definirlo porque es una dimensión « aparte ». Tsuda sensei nos dio una pista cuando escribió en 1973, en las primeras páginas de su primer libro, El No-Hacer:

« Trasponer el problema del “ki” al vocabulario francés, donde cada palabra sufre el imperativo de definirse, de limitarse, es en sí mismo contradictorio, pues el “ki” es sugestivo e ilimitado por naturaleza. »3, « El espíritu occidental, con su tendencia intelectual y analítica, es incapaz, de cualquier modo, de admitir en su vocabulario una palabra tan flexible como el ki: infinitamente grande, infinitamente pequeña, extremadamente vaga, extremadamente precisa, muy común, a ras de tierra, técnica, esotérica. »4

Pero al fin y al cabo, lo que practicamos se llama AI KI DO, ¿no es así: la « Vía de la fusión y armonización del ki »?

Régis Soavi

1[cf. Tsuda, I. (1973). El No-Hacer. Editorial: Santos Román, Prólogo, p. 10 (obra original publicada en 1973) pozos de una profundidad excepcional »)

2Tsuda, I. (2011). El dialogo del silencio. Budo International Pulishing Company, Capítulo X, p. 74 (obra original publicada en 1979)

3Tsuda, I. (1973). El No-Hacer. Editorial: Santos Román, Prólogo, p. 10 (obra original publicada en 1973)

4ibid., Capítulo I, p. 14

La »Practica Respiratoria»

Por Régis Soavi SenseiTraducción al español: Stéphane Labarthe. Revisión: Juan David Chinchilla HernándezEn casi todos los dojos se suelen nombrar los ejercicios que preceden la clase: “preparación” o “calentamiento”, ¡y si no se tratara de gimnasia ni tampoco de educación física, sino de algo completamente distinto!. Tsuda sensei escribía que su maestro Ueshiba Moriehei, estaba furioso cuando en la época, y aunque nunca le hubiese dado un nombre, sus jóvenes alumnos llamaban esta parte ejercicios “preparatorios” o “calentamiento”.

¡Una primera parte!

Para O sensei, esta primera parte de la sesión era indispensable e inseparable de la totalidad de la práctica; es por esto que Tsuda sensei, no habiendo encontrado algo mejor cuando tenía que hablar de ella a sus alumnos o para describirla, le había dado el nombre de “Práctica Respiratoria”. Explica su elección de la palabra « respiración » – que será para él una palabra clave para transmitir un mensaje a los Occidentales – desde el primer capítulo de su primer libro “El No Hacer”: « Con la palabra respiración, no hablo sólo de una operación bio-química de combinación oxigeno-hemoglobina. La respiración, es a la vez vitalidad, acción, amor, espíritu de comunión, intuición, premonición, movimiento. El Oriente conserva todavía estos aspectos a través del nombre de prâna o de ki. El Occidente parece también haberlos conocido con las palabras psyché, alma-soplo, o anima, de las cuales derivan animar, animal, animosidad, o spiro, de la cual hemos sacado palabras como: espíritu, inspiración, aspiración, respiración. » (I.Tsuda, El No Hacer, 1973). Estos ejercicios de respiración, de circulación de nuestra “energía vital”, de nuestro ki, tienen todavía para mí, una importancia primordial.

Norito
Norito

La repetición

No puedo realmente describir lo que es diferente en nuestra Escuela respecto a lo que se hace en otros sitios, ni hacer la apología de ello, porque cada uno tiene que hacerse su propia idea de lo que recibe, de lo que siente. Cada profesor o cada Escuela o grupo en función de la enseñanza que ha recibido, de su recorrido, de sus estudios, tendrá su propio método, su propia pedagogía, que se acuerda tanto con él como con sus alumnos. Algunos usan técnicas nuevas, se inspiran de otras culturas, buscan otros métodos de educación, usan una psicología del aprendizaje más moderna. Nada es para denigrar y todo es posible y todo se justifica a priori para permitir de hacer vivir de la mejor manera nuestrapráctica, de transmitir lo esencial: « la universalidad del mensaje de paz de O senseï ». Una de las críticas que se pueden hacer a la Escuela Itsuo Tsuda es que es más bien repetitiva y conservadora. En efecto, esta primera parte que hacemos cada mañana no ha cambiado desde que mi maestro empezó a enseñar en el inicio de los años setenta. En cuanto a mí, nunca me aburrí y nunca sentí, en más de cincuenta años de práctica cotidiana, la necesidad de cambiarle la mínima cosa, ni para mí, ni para misalumnos. Incluso es esta misma repetición la que permite profundizar nuestra respiración y así por repercusión, descubrir los principios que rigen todos los movimientos de nuestra práctica.

Funakogi undo
Funakogi undo

Los fundamentos de este trabajo

Esta primera parte sigue un orden lógico propio, y me parece inútil detallar todos sus movimientos. Sin embargo, algunos puntos tienen que ser precisados y en particular lo que hace de ella algo distinto de lo que suelen conocer la mayoría de los practicantes de Aikido. Después del saludo hacia el Kamiza, hay una meditación en posición seiza de algunos minutos y la recitación del « Norito Misogi no harae » por quien conduce la sesión. Después, se empieza con un ejercicio que apunta a liberar la zona del plexo solar de todas las tensiones acumuladas. Este movimiento es originario del Katsugen undo, fue introducido por Tsuda sensei y proviene de la enseñanza de su maestro de Seitai NogushiHarushika sensei. Para lo demás, todos los ejercicios que siguen fueron enseñados durante años por O sensei. No estoy reivindicando un retorno a los orígenes, una autenticidad única y escondida hasta este día, frente a deformaciones que hubieran provocado malas enseñanzas, porque es conocido que O sensei variaba los ejercicios de la primera parte. Sin embargo, respecto a lo que se sabe, había algunosque nunca cambiaban. El Saludo hacia las ocho direcciones o Funakogi undo (1) y Tama-no-hireburi (2) hacen parte de ellos; éstos dos últimos tienen ritmos específicos, una respiración precisa y un protocolo particular en cuanto a la dirección hacia la cual dirigirse o el número de veces que se ejecutan. Sería un poco fastidioso e incluso arriesgado describirlos en un artículo ya que se deben enseñar directamente de maestro a alumno en los tatamis. En cuanto a los otros ejercicios, lo más importante en todos estos gestos, no es cuantas veces se ejecutan, tampoco la velocidad o la fuerza, sino más bien la intensidad de vibración percibida por todo el cuerpo en este momento. Es lo mismocon el Kiai que suelta el que conduce la sesión al final de la primera parte. Aquí tampoco, no es la potencia del grito, de su sonido, o su intensidad, sino la naturaleza del acto, la profundidad de la respiración, la exactitud del momento y la concentración que se exige, vinculada con lo verdadero de su ejecución, que transcienden el acto para hacer de él una respuesta adecuada, un proceso de normalización del cuerpo. Cada ejercicio durante esta primera parte se debe ejecutar en un estado de conciencia preciso. Se deben hacer uno tras otro con tanta concentración como si nuestra vida, y al menos nuestra salud, dependieran de ellos, y al mismo tiempo es indispensable que se hagan en unestado de relajación. La mejor actitud posible consiste en estar a la vez presente y sin pensamiento, lo que requiere algunos años de aprendizaje, pero sobre todo perseverancia.La necesidad de un contexto adecuado Nunca insistiré lo suficiente sobre la importancia del ambiente cuando uno contempla hacer la Práctica respiratoria en un estilo cercano de lo que hacemos en nuestra Escuela. La atmósfera que reina en un dojo de verdad es de una naturaleza muy distinta si se compara con la que se puede encontrar en un club o un gimnasio. Si además, en este lugar dedicado, se pudo crear un Tokonoma (3) en el cual se encuentran un Kakegiku (4) y un Ikebana (5), la calidad de la concentración, el respeto del silencio serán más fáciles. Así sera asequible impregnarse, sumergirse en un entorno que favorece esta búsqueda. Se podrá encontrar, gracias a este entorno, la manerade ejecutar los gestos, las secuencias que, un poco como en una coreografía sin nada de superficial, hacen mover el cuerpo para hacerlo más permeable a la percepción de los flujos interiores, haciéndolo más flexible y más reactivo. Se trata sencillamente de volver a encontrar el camino recorrido por los antiguos sensei, de entender porque los que nos guiaban, todos los que he conocido o a veces solamente cruzado en seminarios o encuentros, seguían varios de estos « ritos » sin haberlos cuestionados en su juventud pero habiendo desde entonces buscado respuestas interiores.

El decubrimiento del Yin y del Yang

Es en el libro La voie des dieux (La vía de los dioses) que Tsuda sensei cuenta esta advertencia de la señora Nakanihi (6), gran maestra en el arte del Kotodama (7):« « Después de la desaparición del iniciador, los katas, las formas empiezan a descomponerse porque los que siguen con ellas no logran entender lo que motivó el iniciador en lo profundo. Heredemos de las formas, las simplificamos, las formas degeneran » dice la señora Nakanishi. El Aikido, concebido como un movimiento sacralizado por Morihei Ueshiba esta desapareciendo para reemplazarse por elAikido atlético, un deporte de combate, más conforme a las exigencias de los civilizados. » (Tsuda Itsuo, La voie des dieux, 1982).Estos comentarios de dos grandes maestros, Nakanishi sensei y Tsuda sensei, hubieran podido desanimarme. Es sin embargo típicamente este tipo de palabras que me han estimulado y empujado a seguir adelante. El descubrimiento del Yin y del Yang, es precisamente en esta primera parte que uno la puede hacer porque es una práctica « solitaria ». Nada nos puede perturbar mientras quedamos concentrados en la percepción de lo que sentimos, es como una corriente interior que poco a poco setraduce en Yin y Yang. Es un acercamiento empírico fundamentalmente no mental y el cuerpo en su totalidad percibe sus efectos inmediatamente. Entonces, nuestro Aikido se transforma, uno entra en otra dimensión, con una perspectiva psico-física más amplia. El hecho de sentir concretamente en sus propios miembros, en toda su postura, la circulación del Ki como flujos distintos que tienen una naturaleza precisa, positiva o negativa, Yin o Yang. Unas corrientes que se transforman y se alternan cambiando a veces de Yin hacia Yang, circulan de un lado a otro, dan vueltas, se paran de manera inesperada y al final nos guían en todos nuestros movimientos mientras estamos a pena consciente de ello. Esto no llega en un día pero es lo que dio un sentido a mi práctica del Aikido, esto me permitióperseverar, y superar los desalientos, las etapas difíciles, las en que uno se siente bloqueado, sin recursos. Es también gracias a estas repeticiones diarias, a todos estos gestos, que nuestro cuerpo se regenera y percibe a los otros no sólo a través de sus aspectos físicos o sociales, sino más bien a través de lo que estos emanan en toda su profundidad, que no sólo es algo psicológico sino de un dominio completamente diferente, de otra naturaleza.

De la práctica solitaria hacia el ósmosis

Se trata aquí de una metamorfosis cualitativa importante que no está hecha para hacernos soñar, porque se sale de lo ordinario y porque esta transformación abre posibilidades para entender nuestro universo, nuestra humanidad en toda su complejidad. En lo opuesto de los mundos virtuales que se nos proponen por medio de la tecnología y las relaciones sociales en nuestro cotidiano, uno empieza a percibir el universo de lo real, su naturaleza profunda. A la vez no muy diferente de nuestra vida de todos los días y sin embargo de un tipo completamente distinto. Cada ejercicio de esta primera parte está vinculado a nuestra respiración, cada movimiento se encuentra relacionado con la inhalación o la exhalación. Tsuda sensei solía pronunciar en voz alta Ka en el momento de la inhalación y Mi durantela exhalación, nos explicaba que cuando uno unifica la respiración uno realiza Ka y Mi que se vuelve Kami, palabra que se podría traducir por Dios. No se trata aquí de Dios en el sentido religioso o incluso místico sino más concretamente de la vida en todas sus manifestaciones. La marcialidad no desaparece, sencillamente se transciende. Uno podrá entender mejor porque Tsuda sensei escribía « El Aikido, la vía de coordinación del ki, es un arte de « fusionar el ki » y por lo tanto una forma marcial de ósmosis. » (Tsuda Itsuo, El No Hacer, 1977).

Tama-no-hireburi
Tama-no-hireburi

El Aikido, religión o filosofía ?

En el momento en el que se ritualiza todo o parte de la práctica en un arte marcial, lo acusan de religiosidad o misticismo. El Reishiki, los saludos, la concentración, las diversas meditaciones, todo se vuelve sospechoso, de la misma manera que todo lo que hace de ello un arte pacífico, respetuoso del ser humano. Es difícil explicar, a la luz del materialismo científico y de los conocimientos de hoy en día, en que una practica ritualizada tiene un interés ya que se escapa de la idea de progreso. Sin embargo, el mundo de la investigación sigue avanzando a pesar de todo en los estudios para entenderde manera más fina como funciona nuestro entorno. Pero los trabajos de investigación siempre tienen que tener un toque de cientifismo para ser aceptados. Por ejemplo se puede llegar a conectar sensores, fabricados a partir de los detectores de mentiras, en plantas para entender su lenguaje mientras todavía somos incapaces de explicitar porque algunas personas tienen un don para cuidar las plantas (en ciertas partes se dice que « tienen la mano verde »). Se busca por todos los medios en reproducir la naturaleza en lo que lleva de beneficios al ser humano sin entender como esta misma naturalezaproduce este trabajo. Se analiza, se divide, se corta, con el fin de encontrar el elemento activo de una sustancia sin darse cuenta que es el conjunto que es creador de este componente. Si falta una sola parte, un solo elemento, o si el ritmo no se respeta, el resultado sera completamente diferente, e incluso puede ser contrario a lo que se esperaba encontrar o a lo que se había descubierto anteriormente. Si no necesitamos religiones que nos encadenan a dogmas, tampoco necesitamos ideologías que constriñen nuestras libertades o peor nos esclavizan. Incluso si algunas de estas nuevascreencias o doctrinas, a veces supuestamente validadas por la ciencia, han sido concebidas para nuestro « bien », para nuestra « felicidad » presente o futura, no valen más a mis ojos que las quimeras del pasado. Una alienación vale la otra. La búsqueda de la unidad del ser queda para muchos de nosotros el valor último; para encontrarla, la Practica respiratoria es una herramienta de calidad, fácil y a nuestra disposición. Los dioses antiguos murieron cómo representaciones, cómo imágenes proyectadas por la humanidad, pero esta energía que se les atribuían y que nos anima sigue aquí, lapodemos sentir, volver a descubrir y usarla en nosotros.

Mantener la salud

« La salud es un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no consiste solamente en una ausencia de enfermedad o discapacidad.». (8) Es la definición de la OMS y la aceptamos en Occidente como algo natural. Muchas veces se entiende superficialmente igual que su corolario con sus implicaciones: hay que combatir las enfermedades, eliminar los microbios, los virus, hay que corregir la naturaleza que es tan imperfecta, hay que sostener, proteger el ser humano, etc. La doctrina se vuelve tan absoluta que termina por dar resultados contrarios a lo que se esperaba y en particular este: « las personas se debilitan ». En vez de dar la posibilidad al cuerpo de desarrollarse de manera natural, lo obligamos a protegerse de todo lo que eventualmente podría ser peligroso o lo blindamos. Forzamos y lo forzamos en el nombre de imperativos conceptuales respecto a la salud, supuestamente científicos o medicales. Se refuerza una educación teórica relativa al funcionamiento del cuerpo como al higiene sin entender los fundamentos de ellos, se ponen normas sobre la estética de los chicos y de las chicas al detrimento de su salud real. Los resultados están lejos de responder a las expectativas quela sociedad puso en ellos pero el condicionamiento, él, esta aquí y para mucho tiempo. La Práctica respiratoria, esta primera parte accesible a todos cualquier sea nuestro pasado o nuestro estado físico, es quizás la respuesta a lo que uno siente cuando descubre el peso de la opresión que se ejerce sobre el cuerpo, nuestro cuerpo y su influencia sobre nuestro espíritu, nuestra reflexión y por lo tanto nuestros actos.

Gestos sencillos

Es un proceso de descontaminación que puede empezar. Como para el planeta cuando hace falta descontaminar la naturaleza, es importante parar un proceso, dejar de usar los mismos funcionamientos, de « hacer más de lo mismo » (9). Los gestos sencillos asociados a la respiración, « la circulación del ki », llevan desde el inicio de este lento trabajo de reconstrucción resultados visibles que muchas veces sorprenden el entorno de las personas que practican, cualquier sea su edad o su condición física. La verdadera dificultad se encuentra en la continuidad mucho más que en los esfuerzos que en realidad son muy modestos. Hasta nos podemos limitar a esta primera parte si así lo deseamos o si condiciones imprescindibles nos obligan a ello. El bienestar que resultara de ello no severa disminuido porque la unidad « cuerpo-espíritu » que se habrá encontrado es el verdadero regalo que nuestra naturaleza profunda ha buscado desde siempre.Notas :1) Muchas veces traducido por el « Movimiento del ramero ».2) Tsuda senseï lo traducía por « Vibración del alma ».3) Alcoba utilizada para exponer un Kakegiku.4) Marco en forma de rollo para una caligrafía o una pintura.5) Florero japonés.6) La señora Nakanishi, monja Shinto, enseñaba el Kotodama a maestro Ueshiba.7) El kotodama es el conocimiento del poder espiritual que proviene de los sonidos.8) Definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS).9)Watzlawick Paul, teórico de la Escuela de Palo Alto.

Seitai y vida cotidiana #4

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