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Ki no nagare: la visualización

Régis Soavi

En su enseñanza, Tsuda Itsuo sensei insistía en la visualización que, vinculada con la respiración, es una forma de descubrir este camino del ki no nagare, el fluir del ki. Respiración y visualización son herramientas que permiten profundizar en la percepción de este flujo y aprovechar sus beneficios en la vida cotidiana.

Imaginación o visualización

La imaginación no produce un resultado tangible salvo la desilusión y la decepción cuando uno vuelve a la realidad. La visualización, en cambio, no es un proceso mental, un vagabundeo de la mente, sino que involucra y compromete a todo el cuerpo.

Pocas personas logran hacer la diferencia antes de haber experimentados los dos procesos de manera bien distinta y haber comprobado su realidad. La visualización es a la vez acción y no-acción, anticipación y espera del momento oportuno, ella requiere el nivel máximo de concentración y relajación, sin embargo no tiene ninguna dificultad para encontrarlas puesto que se apoya en la base sentida de la unidad vivida.

Tsuda senseï était un intellectuel dans le meilleur sens du terme un philosophe de l’ancienne génération.
Photo de Eva Rotgold© tous droits réservés.

Ki no nagare: un oceano de interacciones

Cada cultura desarrolla su propia comprensión del mundo, su propia filosofía. Nuestra cultura occidental ha desarrollado durante siglos un enfoque analítico, que conduce a una gran precisión y una preocupación por el detalle. Este interesante enfoque se hace evidente en la ciencia y la tecnología, pero también en las artes marciales. Esta búsqueda de la precisión es también lo que impulsa al ser humano a superararse, a volverse mejor en su disciplina, como ya nos han demostrado ciertos practicantes de alto nivel. Así que no solo se trata del detalle en el gesto pero también de comprender cómo funciona el ser humano, de sus posibilidades tanto físicas como psicológicas.

Aunque importante y necesaria, es al mismo tiempo esta dirección que, cuando se vuelve exclusiva, nos impide alcanzar la unidad, si el detalle y el control se hacen demasiado presentes, se pierde el todo y en particular la percepción del fluir del ki.Otros, como la cultura japonesa, también tienen una gran preocupación por el detalle, pero han conservado una concepción de los vínculos de la vida y por lo tanto de la totalidad. El biólogo Marc-André Selosse propone en su libro Nunca sólo (« Jamais seul ») un cambio de perspectiva sobre este asunto: hoy en día, hemos ampliado la comprensión de la vida con nociones de fenotipos extendidos u « holobiontes ».

Pero M.A. Selosse va incluso más allá, diciendo que se puede considerar el mundo como un océano de microbios donde flotan estructuras más grandes y pluricelulares (plantas, animales), y también tener la visión del ecólogo, de un océano de interacciones donde « cada organismo (es también cierto para cada microbio) es un nudo en una red colosal de interacciones. El ecólogo ve la vida como esta red, en la cual lo que llamamos organismos no son en realidad más que puntos entre los cuales estas interacciones se articulan. ». M.A. Selosse señala que es una visión del mundo que ya tenían ciertas culturas no occidentales, quienes « tienen una percepción más centrada en las interacciones y nos incorporan en un todo con lo que nos rodea. […] Quizás ya sea tiempo de soltar estos avatares que proyectan el individualismo occidental en nuestra visión del mundo biológico… y cotidiano. La ciencia occidental trasladó una filosofía basada en el individuo en una biología basada en el organismo: más allá de los éxitos conseguidos, la verdadera ruptura consistiría ahora en volver a dar a la interacción un papel central. »1.

Ki no nagare, que se traduce por el fluir del ki, es quizás una manera de entender este océano de interacciones. Creo que la esencia del Aikido se encuentra en la comprensión física, tangible de esta noción del fluir del ki. Porque incluso un riachuelo puede dar una orientación distinta al río grande. ¿Quién está en el origen del cambio? ¿Quién actuá sobre el otro? A veces hacen falta años o incluso siglos antes de resolver tal pregunta.

À travers un art comme l’Aïkido, on peut expérimenter très concrètement et finement cette sensation de ki non nagare

El arte del no-actuar

A través de un arte como el Aikido, uno puede experimentar de manera muy concreta y precisa esta sensación de ki no nagare y poco a poco descubrir que ki no nagare va de la mano con el espíritu del no-hacer. Uno se posiciona aceptando al mismo tiempo ir con, sin decisión de influir en la dirección de manera voluntarista, y permaneciendo sin embargo como un centro fuerte y bien situado en su lugar, sin vanagloriarse ni tampoco aprovecharse de la situación.

Es la postura del « hombre sabio » en el sentido taoísta, como la menciona Tchouang-Tseu en su historia del nadador de las cataratas de Lï-leang que se mantiene perfectamente en un lugar donde ningún animal puede nadar y explica: « Me dejo aspirar por los torbellinos y volver a subir por las corrientes ascendientes, sigo los movimientos del agua sin actuar por mi cuenta.2 ». El wei wu wei, literalmente « el actuar en el no-actuar » se basa en la sensación del fluir del agua, de la interacción o del ki no nagare.Es quizás conducido por una sensación interior indefinible y porque se percibió esta dirección, que nos dirigimos hacia el Aikido, independientemente de nuestra vida pasada que, por las circunstancias, ha podido ser distinta hasta ser a veces lo contrario.

El Aikido abre otra perspectiva a la persona que se hace preguntas sobre lo que le rodea y sobre lo que vive en el día a día.Sin embargo, hay momentos en los cuales todo se para, independientemente de nuestra vida diaria y su rutina. Es cuando todo se para que, a veces, uno toma conciencia de sí mismo, de lo que uno realmente es y de ciertas facultades que están desacreditadas en la sociedad que se dice moderna. Esto puede ser un contratiempo, un accidente que llega de manera inesperada, un combate, un choque emocional que no esperábamos y que puede tomar un mal camino, o como un golpe del destino que cae encima de nosotros y del cual no entendemos nada.

Y aquí, uno tiene la impresión que todo se derrumba, que ya nada tiene valor, que todos los esfuerzos son inútiles, vanos e insignificantes. Esto puede ser el inicio de una depresión muy fuerte de la cual algunos sólo lograrán salir con apoyo médico.Pero esto también puede ser el inicio de una orientación distinta en nuestra vida, como una vuelta atrás que nos haría dar un salto adelante. Y fue este tipo de gran cambio que personalmente experimenté cuando encontré a mi sensei, Itsuo Tsuda.A través de un arte como el Aikido, uno puede experimentar de manera muy concreta y precisa esta sensación de ki no nagare.Respiración y visualización son herramientas que permiten profundizar en la percepción de este flujo.

Mi experiencia, con el paso de los años, me mostró que practicando seriamente, a diario, se abrían puertas, sensaciones de una infinita precisión me guiaban hacía dimensiones que no conocía, o que había olvidado como muchos de nosotros, de la época de mi infancia, o que ya no era capaz de sentir.

La intuición es uno de estos descubrimientos y la visualización es su vehículo y su motor. No hablo de la percepción de algo por venir o de una premonición, sino más bien de la percepción de la relación entre las cosas ; inmutables a veces, hasta escondidas o por lo menos invisibles sin este estado de sensibilidad.

La visualización conciente

Armonizarse con el compañero es una base obviamente indispensable de la práctica del Aikido, pero la enseñanza de Tsuda sensei nos llevaba mucho más lejos. Su insistencia en hacernos trabajar en la visualización cada mañana a pesar de nuestras dificultades y nuestras perezas, poco a poco, producía resultados para el que quería seguir en esta vía. Recuerdo que una vez, durante Kokyu ho*, estaba bloqueado en los hombros frente a un compañero muy fuerte que no quería soltar nada ; sin ninguna agresividad, pero sin embargo con una determinación implacable.

De repente, sin que yo hubiera visto ni oído nada, me dí cuenta que mi compañero se levantaba del suelo para caer del lado sin que yo hubiera tenido que hacer esfuerzo alguno. Me dí la vuelta, Tsuda sensei estaba detrás de mi como si nada y sonreía con una aire burlón, mostrando un toque de ironía. En sus demostraciones, nunca dudaba en hacernos sentir hasta que punto era difícil y hasta imposible, resistirse a este flujo tan potente como suave que lograba hacer surgir durante la técnica, dejándonos a la vez asombrados y divertidos. Muchas veces tenía la sensación de ser un niño jugando con su abuelo.

El interés de la visualización es que puede empezar conscientemente como un trabajo cotidiano, y pasar al nivel inconsciente a veces muy rápidamente, aunque no sea de manera permanente. La ventaja de usarla es que permitiendo el fluir del ki en una dirección distinta a la bloqueada por el adversario, uno se encuentra entonces en la no-combatividad, en la no-agresividad y en el deseo de fusión con el otro. Es quizás aquí, en este territorio sin mapa o punto de referencia, pero sin embargo muy concreto, donde uno encontrara las raíces del amor universal del cual hablaba Ôsensei.He aquí un extracto de uno de los libros de Tsuda sensei que me parece esclarecedor y significativo de lo que buscó despertar y estimular como desarrollo en sus alumnos:» Se habla a menudo en el Aikido del fluir del ki, ki no nagare, cosa que corresponde, psicológicamente hablando, a la visualización.

Pero el fluir del ki tiene un contenido más concreto y más rico que la visualización. Implica la idea de que algo sale efectivamente del cuerpo, de las manos o de los ojos para describir las trayectorias que se van a seguir a continuación.Por lo tanto, desaparece la separación absoluta entre lo que es interior y lo que es exterior.A decir verdad, ¿tal separación no es acaso una idea ficticia inventada para la comodidad intelectual? Un ser humano no puede vivir, aunque sea un instante, completamente separado del exterior. Extiende también el sistema voluntario más allá del limite convencional de los músculos voluntarios. Si no hay fluir del ki, el Aikido es simplemente una gimnasia o un baile. La dificultad reside en que no se ve el fluir del ki, mientras que, por ejemplo, se puede tocar y verificar la existencia de los músculos.»(I. Tsuda, La vía del desprendimiento, Edición original en francés La voie du dépuillement, Le Courrier du Livre, Traducción en español por Héléne Gauriau y Rafael Regaño en la Editorial Eyras.)» Dado que la fluidez del ki implica el desplazamiento en el espacio y también en el tiempo, puede tomar un aspecto premonitorio. Así es como el maestro Ueshiba decía que veía las imágenes de sus adversarios cayendo antes de que se produjera. Esto sería a la vez premonitorio y controlado.

Esta observación nos lleva a la idea revolucionaria según la cual se puede actuar sobre el porvenir con certeza y esto en el momento mismo en que la ciencia, renunciando a su absolutismo, admite la incertidumbre como una verdad rigurosa. Con el fluir del ki, el porvenir puede volverse tan concreto como el presente. Ni el fluir del Ki, ni la capacidad de anticipar el porvenir, son patrimonio exclusivo del Aikido.

En un plano más general pueden existir en todas las personas. Si yo cojo un lápiz de la mesa, hay fluir del ki hacia el lápiz. Admitimos que el fluir del ki en este gesto no sea muy intenso. No hay entrega de toda mi persona. En la época en que el oficio era más tradicional y menos lleno de innovaciones, esta facultad natural era más intensa. Había, con todo y con eso, más concentración en la realización de un acto. Había alegría y decepción, porque existía un sentido real de la anticipación. Hoy en día, con el progreso técnico y el contexto económico más desarrollado, ya no sabemos donde estamos. El oficio que se aprende ahora quizás ya no sea válido en los años futuros.

La juventud está sumergida en las posibilidades de elección, pero ninguna es estable. Los jóvenes están al acecho de todo, sin poder comprometerse a fondo en algo.»(I. Tsuda, Ibid., p. 175)Tsuda sensei era ante todo un intelectual en el mejor sentido de la palabra, un filósofo de la antigua generación que, gracias a una mirada clara sobre la sociedad que lo rodeaba, no sólo la criticaba o la alababa, sino que sabía encontrar la esencia de cuestionamientos y hacer conexiones, tanto con las civilizaciones antiguas, sus culturas, sus costumbres, como con los ejemplos de lo que veía en su época siguiendo este hilo que él mismo había encontrado gracias a sus maestros orientales y occidentales.

Curioso de todo lo que sentía útil para su enseñanza, encontraba ejemplos que nos hablaban y que todavía nos hablan cuando volvemos a leer sus libros ; como este interés por el trabajo de Constantin Slanislavsky3 cuya enseñanza basada en la relación afectiva y la vivencia propia de los actores influenció el famoso curso de teatro de Nueva York Actors Studio de Lee Strasberg y Elia Kazan, y que a Tsuda sensei le parecía significativo como concepción, como entendimiento de lo que buscaba transmitir como mensaje. Lo que le permitió ser exhaustivo e incluso lapidario en esta frase respecto a la visualización, como la veía el director de la obra de teatro: » Él ha explotado muy bien el efecto de puesta en situación. Si la puesta en situación se acepta y efectúa perfectamente, hay fluidez de Ki. Que se ejecute el gesto con una visualización intensa de la situación o con la cabeza llena de ideas abstractas, de hipótesis o de teorías, el gesto es el mismo, pero el resultado no es igual. Esto es lo que diferencia un actor de un comediante fantoche.»(I. Tsuda, Ibid., p. 173)

Régis Soavi

(1) M.A. Selosse, Jamais seul, Actes Sud, p. 329.

(2) F. Billeter, Lecons sur Tchouang-tseu, éd Allias, p. 28.

(3) Constantin Stanislavsky (1863-1938), actor, director de obra de teatro y profesor de arte dramático ruso.

Seitai y vida cotidiana #4

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¿Es el Aikido un arte marcial?

Artículo de Régis SoaviEsta pregunta parece ser recurrente en los dojos y divide a los que lo practican, a los profesores y también a los comentaristas de casi todas las escuelas. Ya que nadie logra encontrar una respuesta definitiva, se busca en la historia de las artes marciales, en las necesidades sociales, en la historia del origen de los seres humanos, en las ciencias cognitivas, etc. para que éstas aporten una respuesta que, mientras no resuelva el problema, permita justificar cada punto de vista.El Aikijutsu, desde que dejo el sufijo “jutsu” para volverse un “d?”, se reconoció él mismo como un arte de la paz, una vía de la armonía como el Shod? (vía de la caligrafía) o el Kad? (vía de las flores). ¿Será que adoptando este término que significa el camino, la vía, el Aikido se ha vuelto un camino más fácil? ¿O que al contrario nos obliga a hacernos preguntas, a examinar nuestro propio recorrido, a hacer un esfuerzo de introspección? ¿Será que un arte de la paz es un arte de acomodarse, un arte débil, un arte de la aceptación, un arte en el que los estafadores pueden gozar fácilmente de una gran reputación?Tenemos que reconocer que es un arte que tuvo que adaptarse a las nuevas realidades de nuestros tiempos. Sin embargo, ¿tenemos por ello que mantener la ilusión de una práctica de autodefensa fácil, accesible a todas y a todos, adaptada a todos los presupuestos y sin necesidad alguna de compromiso e inversión personal? ¿Realmente se puede creer o hacer creer que con una o dos horas por semana, incluso sin contar las vacaciones (muchas veces las escuelas están cerradas), uno se puede transformar en un gran guerrero o adquirir la sabiduría necesaria para resolver todos los problemas con calma, serenidad y carisma? ¿Será que por lo tanto hay que buscar la solución en la fuerza, el trabajo muscular y las artes violentas? Si existe una dirección, se encuentra en mi opinión, y a pesar de lo que acabo de decir, en el Aikido.

Una Escuela sin grados

Tsuda Itsuo nunca dio grado alguno a ninguno de sus alumnos y cuando alguien le preguntaba sobre este tema, solía decir “No existe un cinturón negro del vacío mental.”. Podemos decir que así cerraba la puerta a cualquier debate. Habiendo sido el interprete de ? Sensei Ueshiba Morihei, de André Nocquet sensei durante su aprendizaje en Japón, sirvió después de intermediario a los extranjeros franceses o americanos que llegaban al Homu Dojo para iniciarse al Aikido. Traducir las preguntas de los alumnos y las respuestas del maestro, le permitió tener acceso a lo que subyace a la práctica. A lo que hacía de ella algo universal. A lo que hacía de ella un arte más allá de la pura marcialidad. Nos hablaba de la postura de ? Sensei, de su increíble espontaneidad, de la profundidad de su mirada que parecía ir hacia la parte más profunda de su ser. Tsuda Itsuo nunca buscó imitar a su maestro ya que lo consideraba inimitable. Desde el inicio, se interesó a lo que animaba a este hombre increíble capaz a la vez de la dulzura más grande cómo de la mayor potencia.Por esto, recién llegado a Francia, buscó transmitirnos lo que para él era esencial, el secreto del Aikido, la percepción concreta del ki. Lo que había descubierto y que resumía así en esta frase, la primera de su primer libro: “Desde el día que tuve la revelación del “ki”, del soplo (tenía en aquella época más de cuarenta años), nunca paró de crecer en mí el deseo de expresar lo que no se puede expresar, de comunicar lo que no se puede comunicar.”*Durante diez años, recorrió Europa con el fin de permitirnos descubrir, a nosotros Occidentales, muchas veces cartesianos, dualistas, que existe otra dimensión de la vida y que esta dimensión no es esotérica pero exotérica como le gustaba decir.

Una Escuela particular

Las motivaciones que llevan a empezar esta práctica son evidentemente muy diferentes. Cuando pienso en las personas que practican en nuestra Escuela (la Escuela Itsuo Tsuda), muy pocas han llegado buscando la parte marcial. Muchas de ellas no vieron nada de marcial a primera vista, aunque en cada seminario suelo mostrar como las técnicas pueden ser eficientes mientras se hagan con precisión y peligrosas si se usan de manera violenta. La parte marcial resulta de la postura, de la respiración, de la capacidad de concentración, de la verdad del ataque. El aprendizaje necesita que se respete siempre el nivel de la persona con la cual uno practica y que se entrene con formas conocidas.Sin embargo, el descubrimiento que se puede hacer trabajando las formas predefinidas va mucho más allá. Se trata de hacer fructificar otra cosa, de revelar lo que se encuentra en lo más profundo de los individuos, de liberarse de las limitaciones que el pasado y a veces el futuro ponen en nuestros gestos y en todos nuestros movimientos, ya sean físicos o mentales. Esto, lo tienen todos claro en nuestro dojo.Una sesión empieza a las 6:45 de la mañana. El hecho de practicar tan temprano (en realidad ? Sensei y Tsuda Sensei solían empezar siempre a las 6:30) no es por ascetismo ni tampoco disciplina. Algunos de los que practican llegan a las 6 cada mañana para compartir un café o un té, y aprovechar de este momento antes de la sesión (la pre-sesión), a veces igual de importante por los intercambios que se generan entre nosotros. Es un momento de placer, de intercambio respecto a la práctica y también a la vida cotidiana, que se comparte de manera muy concreta con los demás y no de manera virtual como nuestra sociedad tiende a proponernos.Evidentemente todo esto puede parecer retrógrado o inútil, pero nos permite evitar caer en el ocio fácil y no favorece el clientelismo, aunque no vamos a decir que no existe, pero así se reduce y con el tiempo evoluciona. Todo ello porque los seres cambian, se transforman o más precisamente se vuelven a encontrar a ellos mismos y redescubren capacidades que no usaban, que muchas veces pensaban haber perdido o más sencillamente que habían olvidado.

Yin el femenino: entender

La mujeres son tan numerosas en nuestra Escuela que no respetamos la paridad de género. Los hombres son minoritarios, por poco, pero siempre lo han sido. No quisiera hablar en el nombre de las mujeres. ¿Pero qué hacer? No es que ellas formen un mundo a parte, desconocido para los hombres.¡En realidad, para muchos, quizás sí!… Sin embargo, creo que para el hombre sería suficiente con mirar a su lado yin, sin tener miedo a ello, para volver a encontrar y entender lo que nos acerca y lo que nos diferencia. Será por una afinidad personal, una búsqueda que resulta de lo que viví en los eventos del mayo 68 y a esta eclosión de feminismo que se reveló en aquella época una vez más. O quizás sea simplemente porque tuve tres hijos que son hijas y ellas practican el Aikido, e independientemente de los motivos, el resultado ha sido que siempre he dejado a las mujeres su posición legítima en los dojos de nuestra Escuela. Tienen las mismas responsabilidades y evidentemente no hay diferencias de nivel, tanto para el estudio como para la enseñanza. Es realmente una pena tener que precisar este tipo de cosas pero desafortunadamente no son evidentes en este mundo.Sin embargo las mujeres toman poco la palabra o mejor dicho escriben poco, en las revistas de artes marciales. Sería interesante poder leer artículos escritos por mujeres y hasta consagrar en la revista “Dragon magazine spécial Aikido” un espacio dedicado al punto de vista de las mujeres respecto a las artes marciales y al nuestro en particular. ¿Acaso ellas no tienen nada que opinar? ¿o será que el mundo masculino se toma todo el espacio?” ¿Quizás también estos debates respecto a la eficiencia del Aikido las aburren, ya que ellas buscan y muchas veces encuentran, me parece, otra dimensión o en todo caso algo más gracias a este arte? A este “algo más”, que es probablemente más cercano a la búsqueda de ? Sensei, nos acerca Tsuda Itsuo sensei en las primeras páginas de su libro “La Vía del desprendimiento”:“¿Acaso se imaginan al maestro Ueshiba como un hombre hecho totalmente de acero? Mi impresión ha sido, sin embargo, muy distinta respecto a él. Era un hombre sereno, capaz de concentrarse de manera extraordinaria, pero por otra parte muy abierto, de carcajadas sonoras, y tenía un sentido del humor inimitable. Tuve la oportunidad de tocarle el bíceps. Me quede estupefacto. Tenía la ternura de un recién nacido. Todo lo que uno puede imaginarse contrario al endurecimiento. Esto puede parecer curioso, pero su Aikido ideal era el de las chicas. Las chicas no son capaces, por su naturaleza física, de contraer los hombros tanto como los chicos. Su Aikido es por eso más fluido y más natural.”**

Yang el masculino: combatir

art martial

Nos educaron para competir desde nuestra primera infancia. El colegio, emulando esta realidad, tiende a ir en la misma dirección, y todo ello para prepararnos al mundo laboral. Nos enseñan que el mundo es duro y que tenemos a toda costa que ganarnos nuestro lugar bajo el sol, aprender a defendernos contra los otros ¿pero estamos realmente seguros de ello? ¿Nuestro deseo no tendería, él, a llevarnos en otra dirección? ¿Y qué hacemos para lograr este objetivo? ¿Puede ser el Aikido uno de estos instrumentos de revolución de las costumbres, de los hábitos? ¿Será que el tiene y que sobretodo nosotros tenemos que hacer el esfuerzo necesario para que las raíces del mal que están devorando a nuestras sociedades modernas se regeneren y vuelvan a sanarse? Hubo, en el pasado, ejemplos de sociedades en las que la competición no existía, o muy poco, en la manera que existe hoy; sociedades donde el sexismo estaba ausente, aunque no se pueda presentarlas como sociedades ideales. Leyendo escritos respecto al matriarcado en las islas Tobriand de ese gran antropólogo que fue Bronislaw Malinowski se pueden descubrir en su análisis caminos posibles, y hasta quizás remedios a estos problemas de civilización que tantas veces se han denunciado.

Tao, la unión: una vía para la realización del ser humano

La vía, por esencia y sin ser idealista, se justifica y toma todo su valor porque permite normalizar el terreno de los individuos. Para el que la sigue, regula sus tensiones, trae equilibrio, tranquiliza permitiendo una otra relación con la vida misma. ¿Acaso no será lo que tantas personas “civilizadas” están buscando desesperadamente y que se encuentra al fin y al cabo en la parte más profunda del ser humano?La vía no es una religión, es precisamente lo que la diferencia de la religión que hace de ella un espacio de libertad dentro de las ideologías dominantes. El pensamiento al cual se puede acercar me parece ser más bien el agnosticismo, corriente filosófica poco conocida o más bien conocida de manera superficial, pero que permite integrar todas las escuelas. Hay numerosos rituales del Aikido que seguimos haciendo sin entender su verdadero origen (del cual se nutrió ? Sensei) o a veces otros rituales que varios maestros encontraron gracias a prácticas antiguas como lo hizo el mismo Tamura sensei. Muchas veces han sido asociados a la religión mientras que en realidad, como se podría verificar, son las religiones las que han utilizado todos estos rituales antiguos, se han apropiado de ellos para usarlos como instrumentos al servicio de su propio poder, e incluso demasiadas veces se usan para dominar y esclavizar a los individuos.

Un medio: la práctica respiratoria

La primera parte en el Aikido de ? Sensei Ueshiba Morihei, lejos de ser un calentamiento, consiste en movimientos en los cuales es fundamental volver a encontrar el sentido profundo. No es para satisfacer a el intelecto, ni tampoco por querer ser fundamentalistas, y menos aún para adquirir “poderes superiores” que seguimos haciéndola, sino para volver a encontrar el camino que había tomado ? Sensei. Algunos ejercicios, como Funakogi undo (movimiento “del remero”) o Tama-no-hireburi (vibración del alma), tienen un gran valor, y cuando se hacen con la concentración y la presencia necesarias, pueden permitirnos sentir más allá del cuerpo físico, más allá de nuestra sensación tan limitada, para descubrir algo más grande, mucho más grande que nosotros. Estamos hablando de una naturaleza ilimitada de la cual participamos, en la cual estamos inmersos, que está fundamental e inextricablemente vinculada con nosotros y que sin embargo tenemos dificultades en alcanzar y a veces hasta sentir. Esta concepción, que hice mía, no se debe a una relación mística con el universo, sino más bien a una apertura psico-física a la cual muchos físicos modernos se acercaron con teorías para demostrarla. No es algo que se pueda aprender mirando un vídeo en Youtube ni tampoco leyendo libros de sabiduría del pasado, a pesar de su innegable importancia. Es algo que se descubre de manera puramente corporal, de manera absoluta e integralmente física, aunque se trate de lo físico ampliado a una dimensión inusual. Poco a poco todos los que practican Aikido, y que aceptan buscar en esta dirección, lo descubren. No es algo que dependa de la condición física, tampoco de la edad, y evidentemente tampoco del sexo o de un Pueblo.

La educación

Casi todos los psicólogos opinan que lo más importante que nos guiará cuando seamos adultos se sitúa en nuestra infancia y más precisamente en nuestra primera infancia. Tanto en las buenas experiencias como en las malas. Por lo tanto, es importante cuidar la educación para conservar lo más posible la naturaleza innata del niño. No se trata de dejarle hacer todo lo que quiera, para que se vuelva niño rey, o de volverse su esclavo. El mundo esta ahí a su alrededor y el niño necesita puntos de referencia. Pero muy rápidamente, a menudo al poco de nacer, a veces meses, se deja el bebe al cuidado de personas ajenas a la familia. ¿Que pasó con sus padres? Ya no reconoce la voz de su madre, su olor, su movimiento. Es el primer trauma y nos dicen “Se recuperará.”. Desafortunadamente no será el último, para nada. Después llega el jardín de infancia, la escuela primaria, el colegio y por fin el bachillerato antes de quizás la universidad, para al menos otros tres y hasta cuatro, cinco, seis años o aun más.¿Pero qué podemos hacer con esto? “Así es la vida.” me dicen. Cada una de estas cajas en la cual el niño va a pasar su tiempo en el nombre de la educación, el aprendizaje, es una prisión mental. De los programas educativos, hasta la cultura de masas, ¿cuando le respetarán como un individuo lleno de esa imaginación que caracteriza a la infancia? Le enseñaran a obedecer y le enseñaran a hacer trampa. Le ensañaran a estar con los otros y aprenderá la competencia. Recibirá notas, llamaran esto emulación y este desastre psicológico lo vivirán tanto los primeros como los últimos de los alumnos.¿En nombre de que ideología totalitaria se enseña a todos los jóvenes el miedo a la represión, la sumisión, la falta de responsabilidades y la desilusión? La sociedad moderna en los países ricos no nos propone nada nuevo: trabajo y ocio sólo son sinónimos del ideal romano de pan y juegos, la esclavitud antigua no es más que el trabajo asalariado de hoy. ¿Una esclavitud mejorada? Quizás… con una lobotomización increíble, sin duda garantizada por la publicidad incesante de todo tipo de cosas y su corolario: el consumismo de bienes tan inútiles como dañinos.La práctica del Aikido para los niños y adolescentes es una ocasión para liberarse de los esquemas que propone el mundo que les rodea. Es gracias a la concentración exigidas por la técnica, una respiración calma y serena, el aspecto no competitivo, el respecto de la diferencia, que lograrán conservar, o si es necesario volver a encontrar, su fuerza interior. Una fuerza tranquila, no agresiva, pero llena y rica de imaginación y de deseo de hacer un mundo mejor.

Una filosofía práctica o, mejor dicho, una práctica filosófica.

La particularidad de la Escuela Itsuo Tsuda proviene del hecho de que se interesa más en la individualidad que en la difusión de un arte o de una sucesión de técnicas. No se trata de crear un individuo ideal, tampoco de guiar a nadie hacia algo en particular, hacia un modelo de vida, con un nivel determinado de bondad, de amabilidad o de sabiduría, de ponderación o exaltación, etc. Pero de despertar al ser humano y permitirle vivir plenamente en la aceptación de lo que él es en el mundo en el cual está viviendo, sin destruirlo. Este espíritu de apertura va a despertar la fuerza que pre-existe en cada uno de nosotros. Esta filosofía nos lleva hacia la independencia, la autonomía pero no hacia el aislamiento, al contrario, nos permite descubrir al Otro gracias a la comprensión de lo que es, y más allá de lo que quizás se haya vuelto. Todo este re-aprendizaje o más bien re-apropriación de uno mismo necesita tiempo, continuidad y sinceridad para darse cuenta de manera más clara la dirección hacia la cual queremos ir.

La superación, lo que hay detrás

Lo que me interesa hoy es lo que hay detrás o más bien lo que hay en lo profundo del Aikido. Cuando tomamos un tren, tenemos un objetivo, un destino; con el Aikido, es como si mientras avanzáramos el tren estuviera cambiando poco a poco de objetivo, como si el destino se volviera a la vez diferente y más preciso. Respecto al objetivo, se aleja a pesar de que pensábamos acercarnos a él. Aquí tenemos que tomar conciencia que el motivo de nuestro viaje está en el propio viaje, en los paisajes que vamos descubriendo, que se nos perfilan y revelan.Notas:* Traducción de “Le Non-Faire”, p 7, Tsuda Itsuo, Le Courrier du Livre, 1973.** “La Vía del desprendimiento”, publicada en la editorial Eyras, p 155 (traducción en español de “La Voie du dépouillement”, Tsuda Itsuo, 1975, Le Courrier du Livre).